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El cuerpo responde a las intenciones de la mente

  • Foto del escritor: Sebastián Matthew
    Sebastián Matthew
  • 6 may 2025
  • 5 min de lectura

El cuerpo aparenta ser, en gran medida, auto-motivado e independiente, más en realidad sólo responde a las intenciones de la mente”. (Un Curso de Milagros)


El cuerpo está en la mente, y no la mente en el cuerpo. La mente no es el cerebro. El cerebro es parte de la mente; la mente es invisible y opera tanto a través del cerebro como del cuerpo. Todo lo que el cerebro le ordena hacer al cuerpo es el resultado de lo que la mente piensa, lo cual generalmente es inconsciente para nosotros. Nuestra manera de pensar está programada por creencias que operan a nivel inconsciente y determinan nuestra percepción, y, por lo tanto, nuestra experiencia.

En lugar de esforzarnos tremendamente por cambiar el comportamiento -que no es sino un efecto o consecuencia de lo que creemos a un nivel inconsciente-, es más útil y eficaz aprender a entrenar nuestra mente, para así poder invertir nuestra manera de pensar limitada y liberar a nuestra mente de su condicionamiento y programación, de sus falsas creencias y percepciones erróneas. A esto lo llamamos “trabajar con la causa”, es decir, introducir un cambio allí en donde tanto la percepción como la experiencia tienen su origen. Querer cambiar solamente el comportamiento es intentar modificar el “efecto”, pero eso solamente tiene una repercusión temporal, ya que la raíz del síntoma permanece latente y activa y puede en cualquier momento volver a emerger y así adoptar otra forma.


Tienes que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estés dispuesto a hacerlo. No necesitas orientación alguna excepto a nivel mental. La corrección debe llevarse a cabo únicamente en el nivel en el que el cambio es posible. El cambio no tiene ningún sentido en el nivel de los síntomas donde no puede producir resultados”. (Un Curso de Milagros)


Resulta difícil comprender, debido a la manera en que nuestra mente está programada a nivel inconsciente por creencias tanto personales como colectivas, que lo que el cuerpo hace y experimenta sea únicamente el resultado de un pensamiento. Pero así es en verdad. Hay evidencias de ello, y hay hoy en día cientos de miles de personas cuyo testimonio confirma esta premisa, y es también el resultado de diversos estudios y experimentos que se llevan a cabo a nivel científico por individuos que dedican gran parte de su energía y tiempo a investigar, explorar y descubrir este misterioso y polémico territorio de la conciencia.

Los sabios y místicos de todos los tiempos nos han dicho siempre que hay un camino para volvernos Maestros conscientes de nuestro destino. Y ése camino es aprender a entrenar nuestra mente para ser su amo en lugar de su esclavo. Aprender a gobernar nuestra mente, trabajando con nuestros propios pensamientos de momento-a-momento, es la práctica más importante para dejar de ser controlados por nuestras propias creencias inconscientes, nuestras reacciones aprendidas, y nuestros comportamientos limitantes y auto-destructivos.

Todos los seres humanos tienen, en lo profundo de su ser y en el recinto secreto de su corazón, el anhelo por la libertad y la felicidad. Lo que muchos no han entendido aún es cuán poderosa es la mente y cuánta influencia tiene nuestra voluntad. Nuestra mente nos hace enfermar, y nuestra mente nos puede curar. Nuestra voluntad es el poder más grande que hay en todo el universo, pero no la hemos entrenado lo suficiente como para decidir lúcida y conscientemente cómo utilizarla, con qué propósito. Tanto la espiritualidad como la psicología comparten la meta de ayudar al ser humano en su proceso de evolución consciente, de asistirlo en el desarrollo de su potencial ilimitado para la transformación, y de fortalecerlo en su capacidad para superar obstáculos y limitaciones tanto internos como externos y así despertar a la dimensión de conciencia y energía en la cual él -o ella- puede volverse el capitán de su barco, el comandante de su propia mente, y el Maestro de su destino.


La verdad es que eres responsable de lo que piensas porque es solamente en ese nivel donde puedes ejercer tu poder de decidir. Tus acciones son el resultado de tus pensamientos. No puedes separarte de la verdad “otorgándole” autonomía al comportamiento. Éste lo controlo yo automáticamente tan pronto como pongas tu pensamiento bajo mi dirección”. (Un Curso de Milagros)


Somos responsables de lo que pensamos, pero no hemos aprendido aún a ejercer conscientemente nuestro poder de decidir de manera completamente lúcida e inteligente. Aún, por momentos, somos esclavos de nuestro propio ego, del programa inconsciente de creencias según el cual somos víctimas, y no responsables, de lo que nos sucede. Nuestras respuestas ante el mundo externo están condicionadas por el inconsciente y perpetúan nuestras limitaciones, haciendo que el pasado se proyecte hacia el futuro, privando al presente de toda su belleza y de todo su poder para transformarnos, e impidiendo que nuestra atención y nuestra energía se liberen de los patrones psicológicos y emocionales limitantes basados en el miedo y la culpa que bloquean nuestra conciencia del milagro que es nuestra vida y que es la Vida de todo lo que nos rodea. En otras palabras, el ego es el sistema de creencias según el cual somos un ser separado y de acuerdo con el cual todo lo que vemos fuera de nosotros es meramente material y sólido. Según el ego, nosotros estamos en el espacio-tiempo; según la conciencia espiritual, el espacio-tiempo está en nosotros. Según el ego, nosotros estamos en el universo y somos un efecto de lo que sucede afuera nuestro; según la visión espiritual, nosotros somos el universo y somos la causa de cómo nos sentimos y de lo que parece sucedernos.

Así, el único poder que realmente podemos ejercer es a nivel de la mente, y debido a que la mente es el verdadero mecanismo de decisión, la causa de la percepción y de la experiencia, cuando cambia la mente cambia todo lo demás. De este modo, todos nuestros esfuerzos deben canalizarse en la dirección de la transformación de nuestra mente, de la inversión de nuestra errada manera de pensar, y podemos estar seguros y tener fe de que tanto el comportamiento como la experiencia cambiarán según nuestras creencias cambien. Y no debemos nunca pensar que no podemos o que no somos capaces de lograr este cambio. Podemos lograrlo porque somos inherentemente poderosos y porque nuestra mente, en todo su potencial y vasta dimensión, no tiene límites. Pero tenemos que practicar y tomarnos enserio a nosotros mismos, apreciar cuan preciosa es la oportunidad que tenemos en esta vida para aprender y despertar nuestra conciencia, sentirnos profundamente agradecidos por quienes somos, por la vida que se nos ha dado, vivir con plena conciencia en el momento presente y entrar en comunión con la dimensión espiritual de la existencia y abrirnos a una visión espiritual del universo.


Con amor,


Sebastian Matthew

 
 
 

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