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El poder del verdadero perdón

  • Foto del escritor: Sebastián Matthew
    Sebastián Matthew
  • 12 may 2025
  • 7 min de lectura

El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. Sencillamente ve que no se cometió pecado alguno. Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados”.


El verdadero perdón transforma a aquel que lo otorga. El perdón no es algo que se le concede a otro, sino un don que cambia la mente de aquel que perdona. El perdón, en este mundo, tiene que practicarse, ya que es lo opuesto al modo en que nuestra mente está programada por el sistema de pensamiento del ego, el cual se basa en la separación, el miedo, la culpa, el ataque y el resentimiento, la enfermedad y la muerte. El perdón tiene el poder de purificar nuestros pensamientos, de liberar atención y energía de patrones psíquicos y emocionales auto-destructivos y limitantes, de liberarnos de nuestro pasado, de permitirnos vivir plenamente en el presente y de contemplar con verdadera esperanza el futuro.

El perdón te vuelve una persona rica espiritualmente, despierta los dones espirituales en ti que te permiten vivir una vida feliz y próspera en el verdadero sentido de la palabra. Si te vuelves experto en el verdadero perdón, inevitablemente te convertirás en una persona amorosa y feliz, enérgica e inspirada; te sentirás auténticamente agradecido del milagro que es tu vida y apreciarás con asombro y reverencia todos sus aspectos y dimensiones. El perdón hace que dejes de identificarte con el ego en ti, que trasciendas su falso sistema de pensamiento y limitado sistema de creencias, y que te conectes con tu naturaleza espiritual, la cual es atemporal, ilimitada y, en verdad, perfecta. El perdón permite una profunda transformación en tu psique, y, por lo tanto, en tu manera de verte a ti mismo y de percibir el mundo. Y tienes que aprender a practicarlo en todas las situaciones de tu vida y aplicarlo tanto a tu mundo externo como a tu mundo interno. Como nos enseña Un Curso de Milagros, finalmente te darás cuenta de que no existe ninguna diferencia entre lo que parece ser el mundo externo y el mundo interno. Eso es lo que hace que el perdón es siempre justificado.


El perdón tiene que practicarse, pues el mundo no puede percibir su significado ni proveer una guía que

muestre su beneficencia. No hay un solo pensamiento en todo el mundo que conduzca a un entendimiento de

las leyes que rigen el perdón o del Pensamiento que refleja. El perdón es algo tan ajeno al mundo como lo es

tu realidad. Sin embargo, es lo que une a tu mente con la realidad que mora en ti”.


El perdón tiene innumerables y potentes beneficios, tanto a nivel interno como externo. Esto es así porque cuando tú cambias, cuando cambia tu mente, cambia inevitablemente el mundo externo -el cual es un reflejo del interno. Cómo percibimos el mundo es un efecto de cómo pensamos. Si cambiamos cómo pensamos cambiamos automáticamente nuestra manera de percibir el mundo y de responder ante él.

El perdón puede hacer a tu mente invulnerable y devolverte a ti el poder que le habías dado a todas las cosas externas. Pero el cambio tiene que ser real y profundo, y eso es lo que el perdón hace por ti. Tú no perdonas realmente, sino que permites que tu mente se vuelva receptiva al verdadero perdón, que el perdón tenga lugar a través de ti. Cuando perdonas no tratas de cambiar a nadie ni nada afuera, sino que voluntariamente abandonas tus juicios y tus reacciones, todo lo cual te limita y te hace daño a ti. El perdón no cambia nada ni a nadie afuera, pero sí cambia tu mente. Y tu mente es lo único que puede cambiar. Ésa es una de las ventajas de practicar el verdadero perdón: te liberas a ti mismo de la necesidad compulsiva de querer cambiar una situación externa, una persona o cualquier cosa que parezca encontrarse fuera de ti.


El perdón es algo que se adquiere. No es algo inherente a la mente, la cual no puede pecar”.


El perdón es un arte que tienes que aprender. No tiene que ver con “otros” sino contigo mismo. No perdona “pecados” sino que corrige tu mente. El perdón corrige tus percepciones de raíz, liberándote así de los efectos de tus propias proyecciones -las cuales no reconoces como tus pensamientos sino como imágenes que parecen encontrarse en el exterior. El perdón te enseña que, no importa lo que parezca estar sucediendo fuera de ti, o lo que alguien parezca estarte haciendo, o si crees que te están atacando, reaccionar con ira siempre es perjudicial para ti, te equipara con el ego y con el cuerpo y debilita a tu mente. El perdón te enseña el poder de la mansedumbre y la indefensión, y te muestra que cada vez que eliges el perdón en lugar del ataque estás deshaciendo el ego en ti, su sistema de pensamiento basado en la ilusión de la separación y liberándote a ti mismo de tus propias proyecciones inconscientes. Ello sana la división de tu mente y hace que tus percepciones se vuelvan íntegras. Así, puedes empezar a vivir tu vida de momento-a-momento con visión espiritual y aprender a pensar con Dios. Ello hará que empieces a tomar contacto con la dimensión de los milagros, los cuales le resultan “extraordinarios” al mundo pero naturales para aquel que está en contacto consciente con Dios a través del Espíritu Santo, la parte de tu mente que siempre está Despierta y que sabe Quien eres tú realmente.


Tú que quieres la paz sólo la puedes encontrar perdonando completamente


Aprender a perdonar implica aceptar que nuestra única y verdadera función en el mundo es perdonar. La mente es muy poderosa, muy activa, nunca descansa y jamás pierde su poder creativo. Un Curso de Milagros nos lo enseña enfáticamente. La mente nos hace enfermar, la mente puede sanarnos; la mente puede ser nuestro mayor enemigo o nuestra mejor amiga, dependiendo del uso que hagamos de ella, de qué voz elijamos escuchar y de las enseñanzas del maestro que decidamos seguir; la mente puede ser una maldición o una bendición de acuerdo a si sabemos cómo entrenarla y darle instrucciones o si simplemente dejamos que divague y funcione de manera automática y reactiva. ‘La práctica hace al Maestro’ es en verdad una aseveración muy cierta. Si aceptamos el perdón como nuestra meta principal en el mundo, inevitablemente, con la práctica, alcanzaremos la paz, ya que la mente aprenderá lo que es el perdón y nos dará los medios para ponerlos en acción.

El mundo del tiempo, de la percepción, de los cambios, de la impermanencia es el mundo de lo pasajero, de las apariencias, de las imágenes, del espacio-tiempo, de lo incierto, de lo inestable. Es imposible encontrar paz, satisfacción y felicidad duradera en un mundo así. El perdón le enseña a nuestra mente que dicho mundo no es real y que es perdonando cómo podemos invertir nuestra manera de pensar y tener una experiencia del mundo que está más allá de la percepción, del tiempo y del espacio, de aquello que el ojo físico ve. Un Curso de Milagros lo llama el “mundo real”, aquel que la mente contempla cuando el ego ha sido des-hecho y el mecanismo de la proyección ha sido reemplazado en la mente por la extensión, la capacidad de la mente de reconocerse a sí misma en todo en la Unidad en la que fue creada.

La mente sólo puede sufrir cuando piensa que las ilusiones son reales. Cuando la mente le quita su poder a las ilusiones deja automáticamente de sufrir. Cuando la mente conoce su Realidad, que es Dios, Despierta de su sueño de miedo y de enfermedad. El perdón cura a la mente, que es la causa de cualquier dolor o enfermedad. El cuerpo no puede sino curarse cuando la mente se libera de la culpa que había proyectado sobre el cuerpo para que éste enfermara. El perdón elimina la culpa de la mente y permite que la luz de la mente sane automáticamente al cuerpo. La mente es inocente, no puede pecar. Cuando la mente cree en el pecado, que es un pensamiento de carencia, de separación, ésta enferma y proyecta su sensación de enfermedad sobre el cuerpo.


La Expiación cura absolutamente y cura toda clase de enfermedad. Pues la mente que entiende que la

enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las formas que el sueño pueda adoptar.

Donde no hay culpa no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpa. La Expiación no

cura al enfermo, pues eso no es curación. Pero sí elimina la culpa que hacía posible la enfermedad. Y eso es

ciertamente curación. Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar”.


Así, el poder del perdón no tiene límites: puede sanar cualquier clase de dolor o de enfermedad, corregir cualquier error, suplir cualquier falta, eliminar cualquier sensación de carencia, satisfacer cualquier necesidad, obrar cualquier milagro, liberarnos de la culpa, el miedo, la ansiedad, el estrés y la preocupación, y reemplazar el ataque por la paz, transformar el miedo en amor, el tiempo en eternidad, el dolor en júbilo, y, finalmente y a su debido tiempo, Despertarnos del sueño de la separación y restaurarnos a la perfecta conciencia de la Unidad. El perdón puede despertar capacidades psíquicas y de toda clase en nosotros que pueden parecernos muy sorprendentes, resolver problemas que parecían imposibles, energizar nuestros pensamientos e infundirlos con poder espiritual, inspirar nuestras percepciones, hacer que nuestra mente sea invulnerable, ‘producir cambios inimaginables en situaciones que ni siquiera sabemos’, abrir puertas que creíamos cerradas, y así sucesivamente.

El perdón, con la práctica, nos capacita para tener una mentalidad milagrosa, una manera de pensar opuesta a la del mundo pero que es tremendamente práctica y efectiva en su aplicación a los asuntos del mundo del tiempo y de la percepción, y que a su vez nos conecta con la dimensión atemporal de los milagros, en donde todo es posible. Al permitirle a nuestra mente liberar atención y energía de patrones psíquicos y emocionales que fijan nuestros pensamientos a lo concreto, el perdón le da alas a nuestras percepciones para que encuentren la Fuente de la curación, se remonten por encima del mundo de lo visible y se conecten con el Poder que no tiene opuestos, Dios. En esa dimensión, los milagros son naturales y no hay nada que sea imposible.


Con amor,


Sebastian Matthew

 
 
 

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