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La adicción: un camino a la curación y el Despertar espiritual

  • Foto del escritor: Sebastián Matthew
    Sebastián Matthew
  • 20 jul
  • 4 min de lectura

Actualizado: 26 jul

"El alumno feliz no puede sentirse culpable por el hecho de tener que aprender".


Un Curso de Milagros


Debido a que la adicción es un patrón de relación característico en el ser humano que se despliega individual y colectivamente a nivel universal, todo el mundo es, en un grado mayor o menor, un "adicto". La forma en que los patrones de la adicción se manifiestan varían según cada individuo, pero la base de este mecanismo es el mismo en todos los casos.

La adicción es un modo de pensar y de sentir que tiene su raíz en un sentimiento de falta, en una sensación subyacente de carencia. La mayoría de las personas siquiera es consciente de esto. El núcleo de la adicción es un mecanismo psicológico que está profunda e inconscientemente arraigado en la mente y que configura todas sus estructuras y determina el comportamiento general al nivel de la experiencia personal.

Pero la adicción no es meramente algo "negativo", aunque la mayoría ciertamente nos apresuramos en juzgarla como algo que es solamente destructivo, o como siendo simplemente una "deficiencia", un "error" en la personalidad o un "mal-funcionamiento" de los componentes psíquicos, emocionales o comportamentales básicos de una persona.

Lo cierto es que la adicción es nada más y nada menos que una forma de "búsqueda errónea"; el intento de alcanzar la plenitud, el bienestar, la realización y la felicidad utilizando medios inapropiados o insuficientes. ¿Suena conocido? La adicción, en cualquiera de sus expresiones, no es algo que deba negarse, reprimirse, suprimirse, castigarse, condenarse o juzgarse apresuradamente; es un mecanismo que debe ser entendido cada vez que se manifiesta en uno mismo o en los demás. Porque detrás de las formas más groseras en las que suele presentarse, hay un intento inconsciente de encontrar una solución ante un problema "existencial" que es inevitable en la experiencia humana.

De hecho, aunque pueda ser difícil reconocerlo, la adicción oculta un enorme potencial espiritual y humano. Por lo tanto, la fuerza de la adicción debe ser re-direccionada mediante un proceso de curación, de auto-observación, de entendimiento de uno mismo, y a través de una continua práctica de trascendencia de los patrones limitantes de la adicción en todas sus devastadoras y nefastas consecuencias, la energía vital de la persona debe purificarse y re-orientarse hacia una nueva expresión.

La adicción, en otras palabras, es una oportunidad espiritual. Lo que muchas veces dificulta el proceso de curación son los juicios morales que tenemos en relación a la adicción. La adicción en sí no es mala ni buena; es simplemente parte del aprendizaje en esta escuela del Planeta Tierra como seres humanos. Es una lección, aunque no siempre se vea así.

En lugar de victimizarnos, de culpar a otros, de juzgar las apariencias que adopta la adicción, deberíamos ver esta situación de vida como una oportunidad para embarcarnos en un profundo viaje de cambio y transformación. No deberíamos sentirnos culpables ni juzgarnos por nuestras adicciones o patrones adictivos; más bien, tendríamos que aprender a observar sin juzgar, a contemplar sin poner etiquetas y a aceptar la verdadera solución, que es intrínsecamente espiritual. Y entonces, como el excelente Programa espiritual de los Doce Pasos propone, deberíamos comenzar a hacer un continuo inventario de nosotros mismos, nuestros "defectos de carácter", nuestras reacciones, nuestras creencias, nuestros pensamientos, y así sucesivamente. Y en simultáneo, tenemos que empezar a desarrollar una relación personal y directa con un Poder Superior, pues es cierto que nada ni nadie excepto Dios, tal como lo concebimos, puede liberarnos de esta tremenda carga negativa de nuestros patrones auto-destructivos y limitantes y que, casi siempre, terminan también afectando a todas las demás áreas de nuestra vida y nuestras relaciones.

Puede que el comienzo del viaje de la recuperación de la adicción parezca ser harto difícil, pero ciertamente vale la pena recorrerlo, pues enorme son en verdad las recompensas para aquellos que tienen el coraje de mirar dentro de sí mismos y aceptar el verdadero remedio para esta enfermedad universal personal y colectiva. El remedio para la adicción es una solución espiritual, un contacto consciente con un poder que trasciende las mecánicas limitadas y destructivas de la adicción.

El viaje de la recuperación es un proceso de cambio y curación, de recobrar nuestro estado natural de relación armoniosa, honesta, transparente, plena y dichosa con nosotros mismos, los demás, nuestro entorno inmediato y la totalidad del mundo natural. Cuando aprendemos a mirar más allá de nuestros patrones adictivos, a trascender nuestras limitaciones y a ir más allá del egocentrismo, el miedo y la separación, un Universo maravilloso de vida, pensamiento, sentimiento y acción nos comienza a ser revelado. Nuevas capacidades que ni siquiera sabíamos que teníamos empiezan a despertar espontáneamente, y ello resulta sorprendente.

Y un elemento sumamente importante en toda esta aventura de cambio, curación y recuperación: aprender a desarrollar la capacidad para perdonarnos a nosotros mismos, pues la adicción contiene la semillas de nuestra iluminación y de nuestro Despertar espiritual. No somos culpables, simplemente estamos aprendiendo a recordar Quiénes somos realmente a medida que maduramos psíquica y emocionalmente, y a utilizar constructivamente una fuerza que parece ser tremendamente destructiva pero que no es otra cosa que energía-de-vida que necesita ser re-orientada y re-direccionada.

El perdón es esencial para el curso de nuestra transformación. Tenemos que des-aprender el hábito de juzgarnos a nosotros mismos, pues nos curamos de la adicción a medida que desarrollamos la capacidad de amarnos a nosotros mismos y de aceptarnos tal como somos, de ver la perfección en la imperfección, y de observar que la oscuridad es simplemente ausencia de luz y no una cualidad negativa o un defecto moral por el cual debamos sentirnos avergonzados.


 
 
 

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